07 marzo, 2007

Babel


La idea estaba buena. Mantenerse juntos en un proyecto... Llegar al cielo construyendo una torre poco a poco, ladrillo a ladrillo.
Por suerte apareció Dios para poder echarle la culpa del fracaso.
Claro que es importante hablar la misma lengua. Quién podría negarlo? Pero se me ocurre que faltó algo mucho más básico, faltó poder sostener el deseo.
Habemos unos cuantos herederos de los hijos de Noé vagando por la vida... Entendiéndonos poco, pero sobre todo, matando los deseo. Hay muchas torres abandonadas antes de llegar al cielo...
Finalmente, Babel quedó liberada de aquellos que no pueden sostener sus propios deseos.

8 comentarios:

Luis Eduardo dijo...

Y esas torres abandonadas afean el paisaje, y nos hace mucho más dificil el deseo propio de construir una... además el espacio es limitado si no lo aprovechamos habrá un momento donde no quede donde construir nada

Saludos

Korkuss dijo...

Por eso los Hijos de Caín no nos andamos con cosas...

Mejor vidrio molido :)

manolito dijo...

supongo q nuestro condicionamiento de no entendernos unos con otros hace prácticamente imposible el conseguir nuestros deseos..por eso me voy a poner a aprender esperanto.yo quiero tocar el cielo.
un beso.

Charruita dijo...

ah para eso yo, armo mi torre solita...no tengo que desentenderme con nadie y nadie me rompe nada...

Irarrazabal dijo...

Es que antes de ponerse a armar torres es necesario conocer a fondo a quien te ayuda con los ladrillos. Que si no sabe de albañilería, menos sabrá de mantención de estructuras.

Algo he aprendido, que los deseos solo sirven para dibujarlos en papel y después con ellos hacer cometas... Puede que alguno llegue lejos, pero te aseguro que siempre terminan en el suelo.. Es allí donde terminan transformandose en bellas flores.

Te diré algo más, aunque no es directamente para ti, los deseos van careciendo de magia y se vuelven planes maquiavélicos a medida que pasan los años... y ni de abono sirven. Espero que aquel indigno lo entienda también.


Te quiero tanto que duele!!!

Saludos desde Crónicas!!!

sebinsky dijo...

Lamentablemente a porrazos se aprende.
No me gusta esa manera de aprender las cosas, pero siempre dejan una enseñanza valiosa.
Un abrazo desde la lejanía.
Saludos!

Rodrigo dijo...

saludos querida niña...
vaya, esta historia de babel redunda en nuestras vidas más de lo que quisiéramos...derrumbes, lenguas multicolores y vocas grises, cigarros en el agua...ufff...para que hablar de la babel que, cada cierfto tiempo, se nos instala en el alma...

Aquí de regreso.

un abrazo cariñoso.

Emiliano Figueroa dijo...

A mí me cuesta pensar el tema de Babel sin recordar a Borges ya viejo, a Borges como personaje (y prisionero) de sí mismo, encerrado en una biblioteca, una biblioteca inabarcable, regentada por él, un ciego. La vista es un sentido clave a la hora de leer jeroglíficos o de interpretar caligrafías, como son, en el fondo, no sólo nuestras palabras sino que, más importante (creo yo), nuestros actos.

Y no poder ver, se asemeja (metafóricamente por lo menos) a no comprender y estar lejos de poder hacerlo, a no captar la lengua, el idioma del otro a nuestro lado con lo que hay de diferente en él. Todos hablamos, y adhiero, claro, de ideas archisabidas (que no me pertenecen), una lengua extranjera para el otro en cuanto hablamos de otros a través de nosotros mismos primero (de nuestra percepción, de la selección de signos que realizamos para hacerle inteligible) y no como ellos se hablan a sí mismos ni nos hablan a nosotros desde ellos. Parecemos condenados también (como en babilonia) a irnos en fuga antes de establecer siquiera contacto, en el momento preciso (como en el relato bíblico) en que la diferencia (el umbral de incomprensión) se nos hace visible.

saludos