12 marzo, 2014

Miedo

Me desperté sabiendo que iba al encuentro de la sombra más oscura y más densa que me habita.
Le abrí la puerta en un papel y con mucho esfuerzo fue saliendo, 
y se dibujó en él, 
y desde allí me miró directo a los ojos. 
Las nauseas se hicieron insoportables y la angustia apretó fuerte.
No soporté más de un segundo de esa pulseada y con el estómago en la garganta la hice desaparecer. 

Más tarde le tocó el momento a la puerta de la garganta. 

Las sombras se resisten a salir al sol de medio día y se defienden y lastiman y se resisten y desgarran al huésped que la quiere desalojar. 
Y cuesta poner en palabra los miedos más profundos, los más antiguos, los más venenosos. Por qué se arraigan, por que invaden. Porque crecen cuando viven escondidos de la conciencia, cuando uno se distrae, cuando uno no los quiere ver, cuando se hacen parte de la carne.

La palabra es poderosa, es sanadora y portadora de luz a donde por tanto tiempo solo hubo sombras.

1 comentario:

Marco A. Beltrán dijo...

A mi me da miedo el no tener papel.

Un saludo.

No sé si he vuelto, sólo sé que estoy por aquí.

Nocheoscura.