
Se pierde en la memoria el momento en el que empecé a escuchar hablar sobre Dios y de los famosos 7 días de la creación. Creo que empecé a frecuentar la iglesia de mi zona desde muy pequeña, porque mi tía era catequista (creo que así le decían)... Me gustaba ir a juntarme con el resto de los gurises y hacer dibujos y que nos leyeran historias, pero algo me sonó raro cuando una vez dentro de la iglesia alguien me dijo que no me podía reír (?)...
Unos años después, cuando fui a tomar la comunión (de rebote, aprovechando que abrían una nueva iglesia) alguien me dijo que me tenía que "confesar"... "-Y que es eso? le pregunté a mi amiga que andaba en la misma que yo -Vos entras ahí y el cura te hace preguntas y vos tenés que decirle a todo que si. -A todo? -Si a todo."... Habían cosas que, definitivamente, yo no había hecho, pero para que ponerme a improvisar? Había que decir que sí y así fue... Obviamente estaba un poco chica para ponerme discutir filosóficamente con el cura...
Años después, ya más alejada de las iglesias y de las mentiras confesadas, me pasó algo inevitable. Me convertí en una adolescente con deseos (y con los peores deseos, los sexuales). Afortunadamente la naturaleza es sabia, y no hay mandamiento que la contradiga a la hora de los hechos. Yo no iba a esperar a casarme para "aquello" y eso era una idea que se hacía más fuerte a cada minuto (sobe todo si esos minutos los pasaba con aquel chico que me gustaba tanto). Hasta que pasó y fue entonces cuando tanta alegría, tanta felicidad, se convirtió en culpa (y culpa de la peor, de la que no estaba dispuesta a subsanar).Cómo podía el Dios del amor castigar lo más bello del amor? Por ese entonces ya había empezado a sospechar que aquel Dios era bastante cruel...
El quiebre lo hice cuando entré a la facultad. Después de espiar a la perfección de las células desde un microscopio, después de entender procesos bioquímicos que hacían andar la vida, después de escuchar a físicos y astrónomos hablar sobre el universo, me convencí que si existía un Dios, no era aquel que vivía en la palabra de los sacerdotes y en las páginas de la Biblia... Este nuevo Dios, no tenía que ver con el bien o con el mal. Era mucho más simple o mucho más complejo... quien sabe... era perfecto, absolutamente. Y no era EL, era ELLA: Madre Natura.
Va otro cuento de Galeano, La creación. Es uno de los que más me gustan.
No dejen de escucharlo!