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13 agosto, 2008

La Puerta del Sol (segunda parte)


McDonald's

Al final subí por la escalera que tenía más cerca y (¿cuándo no?) le erré. Por suerte no fue tan bruto el error, solo tuve que esperar unos 10 minutos al rayo del sol en pleno verano madrileño para cruzar la avenida (si hubiera salido por la correcta, hubiera salido al otro lado de la calle).
Al fin estaba cerca (pensé), entonces empecé a caminar. "
Siga siempre por la calle Fuencarral", había dicho la señora del edificio y después de unas calles de tiendas me iba a encontrar con la Puerta del Sol.
Ahora me encontraba en una calle estrecha (que me recordaba mucho a la ciudad vieja de Montevideo, pero con edificios más altos y cuidados, aunque igual o más antiguos).
Ya serían las tres de la tarde cuando vi un McDonald's y se me antojó almorzar. Y sí, es que a mi no me gusta la comida con sabor a mar (cosa que abunda en España) y dada la temperatura, no tenía ganas de experimentar con alimentos raros que pudieran hacer chispas con el calor. Entonces dije "bueno, una ensaladita, una Cuarto de libra, de última una Big Mc, total, los menú deben ser iguales en todo el mundo, no?"...
Lo primero que vi en el menú fue Gazpacho... ¿¿¿Gazpacho???

20 julio, 2008

La Puerta del Sol (primera parte)


El metro

Ésta mañana me desperté recordando mi viaje a España de hace unos años y después de contarle un suceso en particular a mi pareja, me dieron ganas de compartirlo con ustedes.


Resulta que hace unos 4 años viajé a Madrid de paseo por unos pocos días. En el viaje de ida me agarré una gripe de novela que me dejó los tres primeros días en cama, pero ni bien el malestar mayor se fue, quise salir a conocer algo.

La persona que me alojaba (mi buen amigo Robert) trabajaba todo el día y a pesar de que a él le daba un poco de temor que yo saliera sola (una india suelta en Madrid), una mañana (después de que él salió para el trabajo), me lancé a la aventura.

Quería ver La Puerta del Sol, de la que solo conocía el nombre, entonces bajé, le pedí indicaciones a la señora que cuidaba el edificio y salí.


La primera de las aventuras fue el metro.
Ooohhhh! Qué mundo extraño existe allí abajo. Túneles, vías, artistas subterraneos (una especie de músico que se sube al omnibus, pero éste estaba en uno de los recovecos de los pasillos y usaba guitarra eléctrica y amplificador), escaleras que subían y bajaban apuradamente, muuuucha gente yendo y viniendo, máquinas espendedoras de refrescos y bocadillos y la uruguayita ahí, medio despistada preguntando cada tanto cómo llegar al andén indicado.
Finalemente di con el metro. Una estación (observo cuan rápido se baja la gente), dos estciones (me apronto porque en la que viene me bajo) tres estaciones ¡Listo! a bajarme rápido (no sea cosa que aquello me dejara dentro y me llevara a cualquier parte).
Ahora tenía que subir por la escalera, había dicho la señora del edificio. ¿¿¿Pero por cuál???